Una mina de oro destruye una isla paradisiaca de Guinea
El pueblo Ipili de Papua Nueva Guinea tuvo la desgracia, no la suerte, de vivir sobre un montón de oro. Cuando las empresas mineras llegaron a la región y quisieron hacer un arreglo para iniciar una mina de oro, los lugareños pensaron que podrían llegar a un acuerdo que les garantizara beneficios a partir de todos los réditos que se obtendrían. Desafortunadamente, la realidad los defraudó.
Al acuerdo alcanzado entre los lugareños y la empresa se lo aludió como un arreglo histórico y sin precedentes, ya que hasta entonces los propietarios de tierras raramente o nunca se habían visto implicados en las negociaciones. Porgera Joint Venture, el ente creado por Placer Dome(la empresa minera compradora) para administrar la mina, les pagaría a los porgeranos a través del gobierno de PNG por el uso de su tierra, pagaría dividendos a las familias de los dueños originarios basándose en cuánto oro se extrajera, y construiría una escuela y otros edificios para la ciudad.
Comienzan los problemas
Desde el comienzo del proyecto hubo denuncias de fraude. La gente denunció que los firman tes de los contratos eran analfabetos en aquel momento, y que se les dio alcohol durante las negociaciones. Las cosas empeoraron a comienzos de los 1990, cuando se agotaron las vetas de mena más accesibles. Fue entonces que la empresa empezó a practicar minería a cielo abierto, inició la voladura de los cerros, el uso de cianuro para lixiviar el oro y las sustancias tóxicas de los escombros, y empezó a arrojar desechos tóxicos a los ríos y arroyos del lugar. De hecho, mientras que en el año 2000 la mina Porgera producía 6,6 toneladas de desperdicios por onza de oro producida, en 2006 esa cifra fue de hasta 97,6 toneladas de desperdicios por onza de oro aproximadamente.Aunque PJV les pagó a los aldeanos para que reubicaran sus nuevos hogares en los cerros por encima del valle devastado, las casas comenzaron a hundirse en la tierra o a deslizarse lenta-mente cuesta abajo a medida que la escoria de la mina erosionaba el paisaje.
Con el paso del tiempo, los aldeanos comenzaron a medir la diferencia entre sus humildes casillas de chapa con el paisaje devastado y la riqueza extraída por la empresa minera. Los aldeanos dependían cada vez más de la mina para su sustento, tanto a través de salarios como de concesiones. Muchos de ellos, según un artículo publicado en el Ottawa Citizen, están ahora “golpeados por el impacto de un arreglo donde canjearon tierra por dinero, arreglo que trastornó sus tradiciones y convirtió su hogar ancestral en un paisaje industrial desértico y patrullado por guardias y policías”.
Aproximadamente 40 personas murieron en luchas entre el personal de seguridad de la empresa y los mineros artesanales. Los hombres a cargo de la seguridad de la empresa están acusados de golpizas y violaciones contra aldeanos y aldeanas. En el pasado, cada vez que los aspirantes a recolectores de oro se acercaban a la propiedad de la empresa, los guardias disparaban contra ellos, según la ATA (Akali Tange Association), organismo de lucha por los derechos humanos en esa zona.
La creciente desigualdad y los cambios en las estructuras sociales exacerbaron la insatisfaccion de los lugareños a la empresa minera. Los recién llegados que buscan trabajo en la mina constituyen el 40 por ciento de los 10.000 habitantes en la zona de influencia de Porgera, y parientes de las familias terratenientes han comenzado a exigir una parte de la compensación monetaria que les fue otorgada a sus consanguíneos. Este fenómeno es perfectamente normal entre los Papuas de Nueva Guinea que comparten cualquier suerte o fortuna, buena o mala, con su tribu y su familia extensa.
Ubicada en el radiante Pací?co Sur, Papua Nueva Guinea fue rica en recursos, en ecología, en lenguas y culturas... y sin embargo sus habitantes son pobres.
Fuente: Corpwatch - Comunidades responden a los impactos de las minas (2007)
Fotografía: Photobucket - Papua New Guinea
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